lunes, 31 de octubre de 2016

Matías Toro. Sangrismo y movimiento

The Artist
Matías Toro
Sangrismo y movimiento
Caracas, 31 de noviembre de 2016


Nunca he sabido de un artista que acepte clasificar su trabajo. Empezando por todos los realistas del siglo pasado, hasta los más modernos defensores del arte abstracto. Actualmente conozco un movimiento emergente en Venezuela que tiene representantes “jóvenes” -empiezan a negar que lo sean-, que crean imágenes de carácter fuerte, porque te pican los sentidos para hacerte voltear a verlo otra vez, después del primer vistazo. Es el sangrismo. Lo resaltante de ellos es que sí aceptan lo que son, y aun así, les preguntas qué son, quiénes son y por qué, y las respuestas serán: sigo experimentando. Eso es lo hermoso del ahora, del momento, del presente: estás “haciendo”. Y en el caso de ciertos artistas plásticos, ellos están creando sus propios paradigmas, como el perfil del que hoy se nos antoja hablar: Matías Toro.



Desde hace un año

Como todo en nuestros días, la primera impresión suele venir gracias a una foto en Instagram. En mi caso, fue uno de esos domingos en los que no sabes qué hacer y terminas viendo el perfil de alguna amiga de la universidad, a la que hace tiempo no ves. Bueno, gracias a una persona tan peculiar -de quien protegeré el nombre-, fui a dar con el perfil de un grupo de chicos que de forma independiente se expresan en lienzos, cada uno con su personalidad, pero siguiendo un lineamiento estético un tanto constante.

Hablando en serio, la primera vez que me interesó todo este asunto, fue cuando los vi realizar un retrato en conjunto, eran Flores Solano y Eduardo Bol Pereira en el Museo de Bellas Artes. Allí dije: “Wao. Ellos saben lo que hacen”. Con el tiempo me fui volviendo adicta a sus imágenes “a flor de piel” y un tanto figurativas, de retratos en diversas formas y colores. De todos ellos, hubo uno que me recordaba las fotografías en movimiento que ahora algunos publican en sus perfiles, y dije: “¡Ya! Ese rostro está en movimiento”. Lo siguiente que me gustó fue cómo jugaba con los colores, que entre estructura y desorden dejan entre ver la tonalidad de la piel, las sombras y destellos de luz y, finalmente, el gesto facial del modelo. Es que incluso sus obras en blanco y negro tienen una belleza en la que impera la sobriedad, pero te captura su movimiento -una impresión fuerte, de hecho-, lo cual, él admite que es su esencia.

Una cosa lleva a la otra, y un día dije: “Tengo que hablarle a otros sobre esto”. Por ello, estás líneas son para contarles escasamente sobre la personalidad detrás de la obra, alguien que no quiere etiquetas, a quien le preguntas: “Defínete en tres palabras” y te responderá esquivo: “No quiero definirme”.






Pisando los 30’s

Matías Toro nació en septiembre de 1987, en la ciudad de Caracas. Hijo de artistas, admite que viene de una escuela estética desde el hogar. Su papá, Elías Toro, es arquitecto, por lo que su hermano mayor, también Elías, como el padre, terminó aprendiendo la misma profesión. Mientras que su madre, Milagros Pino, es cheff, y él la define como “artista culinaria”, “en todo hay belleza” argumenta.


Como todo ser humano, que no está exento de la “real necesidad”, Toro es diseñador gráfico de profesión, con estudios en la escuela de diseño y comunicación visual Prodiseño, que antes estaba ubicado en La Florida, y ahora está en la urbanización El Dorado, Altamira. “Yo fui la última generación que estudió en La Florida” dice entre risas, como si fuera un fenómeno de los setenta. Al graduarse en 2012 comenzó a trabajar en la agencia de publicidad La oveja negra, en la que estuvo hasta hace poco, cuando empezó a dedicarse al arte de lleno. Actualmente ya ha cumplido dos años consagrados a la expresión plástica.




¿Café o té?

En fin, un día dije, hagamos el contacto. Tomé el Instagram y le envié un mensaje privado invitándole a una cita para entrevistarlo, para que este a su vez me enviara su contacto. No pasó ni una hora, cuando él mismo respondió amablemente que sí, mandando su número. Seguimos el enlace vía WhatsApp con las preguntas clásicas: “¿Qué horario dispones para vernos un día?” Me respondió: “Cuando tu dispongas”. Allí estuvo el problema. Mi itinerario sí es un poco apretado, pero siempre estoy dispuesta a ajustarme a las necesidades del entrevistado. Así que, cuando su respuesta fue esa, empezó mi dilema. Si hubiera dicho: Mañana a esta hora, esto habría sido más rápido.

Luego de dos semanas de respuestas largas entres los dos –lo hacíamos con día de por medio, tanto él como yo-, le dije: “Este primer fin de semana de octubre en la tarde, nos tenemos que ver”. Él dijo: “Vale”. Eso fue el lunes. Para el viernes le hice otro llamado para que recordáramos la cita. Y el sábado, faltando una hora para la cita, me escribió.

¡Odio los sábados! Tomé el riesgo de decirle que estaba cerca, esperando que no dispusiera de nuestra cita, y corrí lo más que pude por Caracas, para llegar a la plaza de Los Palos Grandes a las 5p.m.

Lo más vergonzoso para mí, fue cuando me llamó, le dije que iba en camino, y me dijo: “¿Qué? ¿Vienes de Colombia?”. Allí dije: “Ya está predispuesto”. Literal corría hacia la plaza cuando lo llamé para decir que estaba cerca, a lo que me gritó en la llamada: “Estoy junto al ruido”, cosa que casi no entendí por obvia razón.

Ascendí hacia el café de la plaza, lo más alto del lugar, de dónde provenía el ruido. No me acordaba de su rostro, pero sí de su cabello desordenado. Un muchacho estaba apoyado en la baranda más alta, de frente a mí, viendo en mi dirección, y lo distinguí. ¿Sabes? Ese prototipo de artista vestido con una camisa de puños y cuello abiertos, abundante barba y postura “relajada”, en esa forma de: tengo buen gusto, pero no es importante eso.

Lo alcancé y en medio del ruido me dijo: “¿Qué quieres hacer?”, le sugerí que fuéramos a un lugar más tranquilo, y eso hicimos. Camino a un café unas cuadras más arriba, me reclamó el retraso -tenía toda la razón, pero nunca le dije la verdad, no me perdonaría-; también que los músicos en la plaza se estaban “mal tripeando” lo que orquestaban, y luego entre risas, continuó la conversación con todo lo que le pasó mientras me esperó. Me reí y me relajé. Bueno, al menos no está tan molesto.

Su tranquilidad desde el principio me decía algo como: Vale, este encuentro será lo que será, y ya. Lo siguiente fue conseguir que algún café de Altamira estuviera “tranquilo” ese día, para poder grabar audio. Pero finalmente lo hallamos. Nos sentamos y empecé a ver cómo reaccionaba.

De entrada me costó organizar mis ideas, porque aunque me gustan mucho sus obras, no tuve tiempo para leer nada sobre él, pese a que sí había encontrado una publicación en el portal del Universal, realizada por José Miguel del Pozo, sobre su primer proyecto artístico: Movimiento/Transformación, que estuvo expuesto en la Librería Lugar Común de Altamira en 2015.

Pero a medida que nos íbamos conociendo, fluyó la conversación y los temas. Tal es así, que en el calor de la conversación sobre dogmas y religión, pregunté: “¿Qué piensas sobre el bien y el mal?”, a lo que explotó en risas diciendo: “¿Y eso qué tiene que ver con mi trabajo?”. Me reí y le puse un reto: “Defínete en tres palabras”. Su respuesta fue siempre demasiado esquiva. Primero: “No Quiero Definirme”, para finalizar: “¿Por qué definirme?”.

Puedo decir que su personalidad es enérgica, tal vez por ello su afinidad por el movimiento, el cual se manifiesta en sus retratos. Siempre te sostiene la mirada con cada palabra que dice, lógica y precisa. Claro, que hubo momentos en que no supo qué estaba hilando, por lo que cambiábamos de temas. Incluso, hubo instantes en los que me preguntaba cosas sobre mi profesión y dónde trabajaba -al parecer, no se lo dejé muy claro-. Además, cuando hablamos sobre creencias, casi discutimos, porque se atrevió a cuestionar mi posición. Lo típico de cuando te enfrentas a un agnóstico: ¿Y qué tal si esto no fuera así…? Claro, sin querer caer en estereotipos.

Una de las cosas más lógicas que dijo en medio de tantos temas que discutimos, es que él piensa que la religión le ha quitado al hombre la libertad de crearse interrogantes sobre: ¿Cuál es mi propósito?, porque te da respuestas irrefutables sobre el motivo de la existencia. “Entonces te quita ese deseo de querer saber más sobre esto que somos, al proponerte una respuesta que no puedes cuestionar”, dice Matías para explicar su posición ante la religión. Sí, es agnóstico. 



El caos de la coherencia

Jamás creí que podría encontrar algo que realmente considerara un poco caótico en su forma de interpretar el mundo y su contexto. El dilema de toda esta entrevista es que se me ocurrió que con mi experiencia entrevistando a otros, podría sencillamente llegar y hacer las típicas preguntas que hago para definir la personalidad del perfil a investigar. Pero no fue así. Tratar de encasillar a Matías con las típicas preguntas, generó otras, que en lugar de ayudarme a darle forma, sencillamente te hacían querer cuestionarlo más sobre cómo piensa, hasta de los temas más triviales. ¿Qué ocurrió? Las líneas que están aquí abajo, te ayudaran a conocerlo, pero también es posible que te dejen con la confusión de un caos de ideas, que para él son simples para “su verdad”.

En la mesa, él pidió un café y yo un té negro. Y cuando todo fluía, comenzaron las preguntas:


- ¿Qué es el arte para Matías?

La capacidad para generar el accidente y a la vez tener la técnica para plasmar la imagen.


- ¿Cómo fue la influencia de tu familia en tu trabajo? ¿Cuál es el valor más relevante que crees te hayan dejado?

Hay una frase que lo resume, que siento es la base de lo que ellos me enseñaron: “La sabiduría no es acumulación de conocimiento, sino sensibilidad a lo verdadero”. Tu capacidad de saber qué cosas son verdad y qué no.


- ¿Qué sientes que te haya dejado tu experiencia como diseñador gráfico?

Conocimiento de cómo funciona el arte, o mejor dicho, la generación de imágenes desde un punto de vista funcional que es la publicidad. Ver de verdad cómo son los ritmos de trabajo, desde que te cae un brief, que es lo que te dice el cliente, hasta el resultado, cómo son esos procesos que, en general, son estandarizados en la publicidad.

Es como estudiar la disciplina. Estudiar diseño gráfico te da estructura y oficio que después puedes llevar a buscar cosas más personales.


- No conozco artista o diseñador gráfico que pueda organizarse entre tánta explosión creativa…

Pero ya yo conozco el secreto de la vida, se llama: Google Calendar. Y lo conocí hace poco. Creo que de verdad me va a ayudar. Siento que hasta quizás me va a quitar los poderes artísticos. (Risas)


- ¿Cómo descubres las artes pláticas y la estructura con la que hoy te armas para expresarte?
La estructura es nueva. Es de hace un año exactamente, cuando empecé a pintar. Antes dibujaba, claro. Pero todo era muy suelto. Una vez expuse en el 2012, con algo que no tiene nada que ver con lo que estoy haciendo ahorita. Y si me pidieran explicar cómo descubrí las artes plásticas como expresión para mí, es algo así como que me pregunten cuándo empecé a hablar.

Yo empecé a dibujar desde el colegio, en las horas libres, o en las que no (risas). Siempre estaba dibujando. Y también me interesaba mucho la música. Todas las cosas creativas siempre me han interesado mucho. Toco guitarra también, pero soy muy malo. Ahí sí, la falta de orden y disciplina son como mi tope. Bueno, al menos para mí.

Pero sí, no hay un momento en el que eso empieza. Es decir, el punto cero del asunto. Estoy dibujando de la misma manera en que me enfrento a eso. Así como lo hacía de niño para divertirme, es una forma de expresarme. Solo que uno va adquiriendo más destreza, más conocimientos y más experiencia y de repente te empiezan a tomar en serio. Ya el dibujo que hiciste en el cuaderno, quizás un día lo hacen en un lienzo y ya no es un dibujito de un hobby, sino que a alguien le parece interesante y te lo quieren comprar. Pero eso lo explica. La aproximación es que uno se quiere recrear, creando algo.

- ¿Qué te inspira?

El mismo hacer. El hacer las cosas es el mismo fruto de lo que haces. Y no te voy a negar que todo artista es una respuesta a todos los que le precedieron. Es una acumulación de todo el conocimiento humano que hay con respecto a la pintura y todo lo que le llamó la atención, fue capturando, agarrando una cosa de otro personaje y aportando sus propias pulsiones internas para construir algo que termina siendo más o menos propio, pero también tiene mucho que ver con los otros artistas.

Me inspira mucho el arte, porque tiene eso que uno lo ve y te inspira a moverte. “El arte te mueve”. Esa es una de las cosas más importantes. Es como un virus, una infección, ¿sabes? Tú haces algo y luego lo va a ver alguien que le va a dar ganas de hacer algo parecido. Y así se va propagando ese efecto como un dominó.

- ¿Entonces no te inspiran otros artistas?

El mismo hacer y otros artistas. Sí, ambos. No estoy negando una cosa, estoy añadiendo más a la idea. Pero podrían ser Francis Bacon. Que, de hecho, siempre me dicen: “Pero eso es Bacon”, como una crítica, no sé.

- ¿Cómo crea Matías todo? ¿Cómo parte y cómo finaliza?

La mayoría asume un mensaje, algo que quiere transmitir. Yo comienzo de forma distinta. El instrumento insinúa algo, que luego plasmo en el plano.

De lo que este instrumento me muestra, se produce una línea con la que él juega. Asimismo, el concepto no tiene una jerarquía. Te podría decir que el arte contemporáneo es la muerte de la estética, que es lo sensible, lo visible, lo que te dan los sentidos ya no tiene sentido. Entonces lo que importa es el concepto. Significado y significante. Dualidad básica. Algo que técnicamente se libera en el siglo XXI porque el artista ya no tiene que responder a ningún mensaje.

Esta es la posición con la que yo me paro frente al arte, mi manera de proceder es: si hay una relación entre el significado y el significante, entonces desde el significante, yo puedo ir al significado y desde el significado, yo puedo ir al significante también. El mismo significante me habló de un significado. Yo no niego el significado, pero ahora yo mantengo un feedback entre los dos. Van los dos de la mano.

- ¿Cómo identificas el sangrismo?

El sangrismo es como una persona. Cuando nace le pones un nombre pero esa persona aún no se ha desarrollado. En principio, para mi significa un grupo de personas que compartimos nociones sobre el arte, en el uso de la intuición y la irracionalidad como instrumentos que guían el proceso creativo. Aún está en pañales. Espero que crezca y podamos, sobre todo, hacer obras colectivas.




Sin límites

Si hay algo que puedo decir de Matías, es que apenas está comenzando. Para la fecha de nuestro primer encuentro, fue la apertura de una exposición del sangrismo en la Universidad Simón Bolívar. Sí, allá, en lo más recóndito de Caracas. Pero fue un encuentro al que debías asistir porque reunió a sus cuatro exponentes y, en esa oportunidad, pudieron realizar un trabajo colectivo. El cual es un cuadro que disfrutarán ver los seguidores de esta corriente, al poner de manifiesto la unión de estos artistas. 

Además, podrás apreciar las 15 piezas que Matías presentó, junto a Ana, Flores y Eduardo, para hacer un total de 60 obras, bajo la curaduría del Lic. Tiasto Roma, y que estará abierta hasta los primeros días de diciembre -entrada libre-.

Para cuando culmina nuestro encuentro, Matías quedó seleccionado para participar en una presentación en Slide Luck, a celebrarse el día 17 de noviembre, a las 5:30 p.m., en el Centro de Arte Los Galpones. ¡Tienes que verle!


Para conocer más sobre su trabajo síguelo en: @toromat / @toroloquio
Slide Luck: @slideluckcaracas


Por: MB
@LidROgue